sábado, 27 de junio de 2015

Capítulo 6

A la mañana siguiente, Roberto llegó a la redacción y se puso a trabajar tratando de olvidar que, en el despacho del jefe ya no estaba el Sr. Zafra, sino Cristina Romero, la mujer cuyo solo recuerdo hacía que se le encendiera el alma, el corazón y algo más, su nueva jefa.


Pasado un rato, Olga se acercó a su mesa.
- Roberto, la jefa quiere que pases a su despacho.

- A su despacho... - murmuró antes de levantar la cabeza del teclado.


- ¿No tengo mas remedio verdad Olga? - preguntó el con ironía.
- No, supongo que no.


- Tu también estás triste por el Sr. Zafra ¿verdad? - le preguntó al ver su inusual cara de tristeza.
- No puedo remediarlo. Lo echo de menos, han sido muchos años.


Olga volvió a su mesa antes de que se derrumbara y Roberto se levantó tratando de reunir fuerzas.


Antes de entrar en el despacho llamó a la puerta, y solo cuando ella le dio su permiso entró.


- Hola Roberto, buenos días, - lo saludó ella con voz cálida, - me alegro de verte y de saber por fin tu nombre.


El recordó que aquello mismo lo pensó el en el lago, tras besarse ambos apasionadamente; ni siquiera sabía entonces su nombre, pero ahora ya sabía perfectamente quien era, y no pensaba ablandarse, así que la miró con gesto serio y adusto.
- Buenos días. No me habrá hecho venir solo para decirme eso ¿verdad?


- Obviamente no, pero podemos hablar como seres humanos civilizados ¿no te parece?
- No me interesa. Estoy aquí para trabajar.


- Ya lo se, y se que lo haces muy bien, - ella se había levantado y se había acercado a el, - pero ayer me pareció que no estabas precisamente feliz de que yo llegara al periódico.


- Roberto, hay cosas que tienes que saber de...


- ¡Usted ha hecho que se jubile el Sr. Zafra antes de tiempo!, - la acusó.


- ¡Y no le ha importado en absoluto que se tenga que largar antes de tiempo y después de tantos años!


- Como ha podido, como ha sido tan...


- Pero Roberto, déjame explicarte, - quiso interrumpirlo ella.
- No quiero explicaciones, ahórreselas. Ya me dijo mi antiguo jefe todo lo que tenía que saber.


- ¿Todo Roberto?, te dijo que desde hace bastante tiempo están bajando las ventas? ¿que se ha negado a hacer cambios, innovaciones y mejoras para que esto prospere?


- ¿Te dijo que le hemos dado una indemnización millonaria y que le va a quedar una pensión casi igual al sueldo que ganaba?
- El... me dijo que ahora ya no sería lo mismo, que aún tenía un hijo soltero en casa y una niña adolescente.


- Roberto, el hijo soltero que le queda trabaja en el ayuntamiento, y la "niña adolescente" tiene ya 23 años y está terminando la carrera de medicina.
Se hizo un silencio que ninguno de los dos interrumpió.
- Creo que el Sr. Zafra te contó las cosas a su manera, y tu has sido demasiado crédulo, demasiado bueno Roberto, por eso me gustas mas.


- ¡No me venga con esas ni me trate como a un gilipollas! - la sangre de Roberto se había alterado con solo oírla decir que el le gustaba por ser bueno, o quizás tonto, según se mirase.


- No pretendía eso, tranquilízate.


- Entonces no me venga con el cuento de que como soy tonto por haber creído en lo que me ha contado mi antiguo jefe, ya por eso le gusto mas.


- El Sr. Zafra ha estado al mando de este periódico desde antes de que usted y yo usáramos pañales, ¿sabe?


- Y el Moonlight Chronicle ha salido adelante.
- Ya, pero los años no pasan en balde Roberto, y últimamente no lo lleva bien, todos lo saben.


- Como puede ser tan... rastrera, - la miró enfadado, ambos se quedaron mirando el uno al otro.


- Roberto, no quiero que tu y yo estemos mal. Por favor, dame un abrazo. En... el lago de pesca nos abrazamos, ¿recuerdas? Y me encantó.


- ¿Como puede hablar ahora de todo eso después de lo de... el Sr. Zafra?


- Roberto por favor, ven aquí...
- No me toque, ahora no podría soportarlo.


- Ella lo miró con dolor.
- Pues entonces te encantó tocarme, - le dijo, - y ese momento entre tus brazos y con mi boca pegada a la tuya, fue el mejor de mi vida.


Roberto, impresionado por sus palabras, la miró fijamente, los dos se miraron con intensidad el uno al otro.


Pero con el corazón bombeándole apasionado y antes de que cometiera una tontería, salió del despacho de su nueva jefa.


Continuará

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